Hacia una economía circular de residuos orgánicos. ¿Por qué es clave?

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Hacia una economía circular de residuos orgánicos. ¿Por qué es clave?

El uso de los fertilizantes químicos y sus consecuencias.

Al acudir al supermercado, todos nos hemos percatado de un incremento de precio de los alimentos, especialmente a partir de la guerra de Ucrania que entre muchas otras consecuencias, con una huella terrible, derivó en un incremento de precios de los combustibles fósiles. Uno de los usos de estos combustibles se da en la producción de fertilizantes químicos.

Para producirlos, se utiliza el proceso de Haber-Bosh, muy intensivo en uso de energía, en este caso el gas. En 2022, la producción de fertilizantes nitrogenados pudo llegar a emitir hasta 11,6 millones de toneladas de CO2 equivalentes. Se estima que los fertilizantes representan casi la mitad de las emisiones del sector agrícola.

Más de la mitad de los cultivos mundiales dependen de fertilizantes químicos.

A esta problemática hay que sumarle que recientemente se ha reportado que el planeta ya ha superado 6 de los 9 límites planetarios.

Los límites planetarios son los umbrales dentro de los cuales la humanidad pueda sobrevivir, desarrollarse y prosperar. Uno de estos 6 límites superados es el de los flujos de nutrientes. Durante estas últimas décadas el consumo de nutrientes como el nitrógeno y el fósforo, ha sido muy superior a lo considerado sostenible debido s su creciente demanda necesaria para poder soportar la cadena alimentaria

Por lo tanto, ambas problemáticas (emisiones y alteración de flujo de nutrientes) a las que podríamos sumarles otras como el impacto en la biodiversidad y contaminación de aguas, evidencian que la cadena alimentaria necesita transitar hacia un modelo más sostenible. Muchos productores ya hace tiempo que trabajan con prácticas respetuosas con el medio ambiente pero necesitan de más apoyo tanto institucional como del consumidor.

¿Cómo podemos afrontar este cambio?

La clave pasa por un cambio de hábitos a nivel individual y a nivel colectivo. A nivel individual debemos practicar un consumo consciente priorizando productos más respetuosos con el medio ambiente, gestionando bien los residuos que generamos y sobre todo reducir el consumo de carne. A nivel colectivo, necesitamos de más colaboración entre toda la cadena alimentaria para transitar hacia un modelo circular. En este modelo, la infraestructura disponible en los edificios que utilizamos es clave.

Por ejemplo, en un restaurante de hotel, se generan entre 120 y 180 gramos de residuo mayoritariamente orgánico por persona y comida. Si consideramos un hotel de 400 habitaciones todo incluido, la cantidad de residuos puede ascender a 144 kg de residuos orgánicos al día. Con estos 144 Kg se pueden generar 43 Kg de compost. Si lo trasladamos a nivel de ciudad, en Lloret de Mar que cuenta con unas 30.000 habitaciones, podrían generarse hasta 2100 kg de compost por día de verano. Este compost sería suficiente para abonar más de 1000 m2 de huerto ahorrando unos 200 kg de fertilizantes químicos.

Para conseguir buenos resultados es necesaria mucha colaboración de toda la cadena.

Los hoteles, restaurantes, centros comerciales, edificios residenciales… deben tener la estructura necesaria para fomentar estas prácticas.

Estas son principalmente espacios para segregación que cumplan requisitos como fácil accesibilidad y ventilación adecuada. Esta infraestructura debe complementarse con buenos sistemas de gestión ya que se ha reportado que en aquellos hoteles certificados con EMAS, la generación de residuos es menor.

Una vez el residuo se ha gestionado bien en el lugar donde se ha generado debe transferirse a un gestor. Puede ser el sistema de recogida del mismo ayuntamiento o directamente a productor. Esta segunda opción es más eficaz ya que se acorta la lista de intermediarios y el residuo orgánico va directamente al agricultor que lo necesita. El agricultor transformará el residuos en compost y lo va a utilizar para producir sus alimentos que luego volverá a poner en el mercado cerrando así la rueda de la economía circular.

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¿Qué permite la economía circular del residuo orgánico?

Reducir emisiones y consumo de nutrientes porque se utiliza compost, abaratar los costes para el consumidor, reducir gastos operacionales del agricultor de proximidad e incluso crear lugares de trabajo, producir alimentos de mayor calidad nutricional y reducir la contaminación del agua. Por otro lado, no incorporar todas estas buenas prácticas nos aleja de los objetivos globales de reducir emisiones y sigue engordando a marchar forzadas nuestros vertederos.

Cushman & Wakefield ha aprobado sus objetivos de reducción de emisiones y el compromiso de cero neto por la iniciativa Science Based Targets initiative (SBTi) External Link siguiendo los niveles requeridos para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París.

Nuestros Objetivos Basados en la Ciencia y Nuestro Compromiso Net Zero

  • Objetivo #1: Reducir las emisiones absolutas de gases de efecto invernadero (GEI) de alcance 1 y 2 en nuestras oficinas corporativas y en operaciones en un 50 % para 2030 a partir del año base 2019.
  • Objetivo #2: Involucrar a clientes clave, algunos de los propietarios y ocupantes de los inmuebles más grandes del mundo, que representan el 70 % de las emisiones en nuestras propiedades gestionadas (alcance 3) para establecer objetivos basados en la ciencia para 2025.
  • Objetivo #3: Alcanzar emisiones netas cero en la cadena de valor (alcances 1, 2 y 3) para 2050.

Conoce más sobre cómo vamos a crear un futuro más sostenible e inclusivo para nuestra gente, nuestros clientes y nuestro planeta.

 

Miquel Estelrich

Sustainability Senior Consultant

Cushman & Wakefield

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